Los vinos ‘sin’ se hacen un hueco en el mercado
Los tiempos cambian y el sector vinícola evoluciona con ellos. Nuevas circunstancias y situaciones ancestrales hacen que el placer de disfrutar del vino pueda resultar una decisión difícil de tomar para algunos consumidores. Para ellos, y para quienes nunca lo han consumido por decisión propia, los bodegueros españoles se han puesto en marcha y empiezan a sacar al mercado vinos de baja graduación alcohólica o sin alcohol para llegar a un nuevo público formado por personas que no quieren o no pueden consumir bebidas alcohólicas por prescripción médica o religiosa, mujeres embarazadas, en periodo de lactancia y, entre otros, los conductores, que deben atenerse a las normas de tráfico en nuestro país.
Es importante destacar que la novedad de este tipo de productos es relativa, ya que en países europeos como Francia o Alemania, los vinos desalcoholizados total o parcialmente tienen un consumo que ronda los diez millones de litros al año. Sin embargo, el aspecto más reseñable de estos ‘nuevos vinos’ es que son resultado de un gran esfuerzo investigador, llevado a cabo tanto desde la empresa privada como desde las universidades y centros de I+D alimentaria, para conseguir un producto final de calidad, que mantenga las características organolépticas y sensoriales del vino.
Altos de la Ermita, de la Bodega Casa de la Ermita (D.O. Jumilla), ha sido uno de los vinos de baja graduación alcohólica pioneros en nuestro país, con 6,5% de alcohol en volumen, junto al blanco Landó, de Bodegas Arúspide, (D.O. Valdepeñas), con 8% vol., o 9 Sobresaliente, con 9% vol., de Bodegas Valduero, adscrita a D.O. Ribera de Duero.
Todos ellos son caldos que cuentan aproximadamente con la mitad de contenido alcohólico que un vino propiamente dicho, ya que para obtener esta denominación, la normativa europea exige que contenga, al menos, un 9% de alcohol en volumen.
Pero además, también han llegado a las vinotecas y restaurantes de nuestro país, vinos de producción nacional que entran en la categoría de bebidas sin alcohol, ya que contienen menos de un 0,5% de alcohol en volumen. Son Natureo, de Bodegas Miguel Torres, nacido de uvas moscatel del límite septentrional de la D.O. Penedés, y el tinto, rosado y blanco que ha comercializado el Grupo Matarromera bajo la denominación Eminasin.
Sin embargo, no son los únicos en el mercado, ya que habían llegado a España con anterioridad los caldos de la gama Premium, de las bodegas alemanas Carl Jung (0,2% vol), la línea Ariel, de la americana J.Lohr (0,15% vol) y Vicent, de la francesa La Côte de Vincent (0,3% vol).
Para conseguir estos productos, se han ido desarrollando distintas técnicas, algunas previas a la elaboración del vino -como el estrés hídrico, para que la planta deje de producir azúcares varias horas al día o la utilización de levaduras poco eficientes en su fermentación- o bien aplicadas durante el propio proceso. En este caso, se puede aplicar la deconstrucción de los elementos del vino, reconstruyéndolos de nuevo con la excepción del alcohol, la condensación a baja temperatura para evaporarlo bajo el método de columna de conos rotatorios, o el de ósmosis inversa, una fórmula de filtración en frío.
En algunos casos, estos procedimientos podían alterar las características de aroma, cuerpo y sabor de los caldos, pero la combinación y avances de las técnicas han mejorado sensiblemente la calidad de los productos. Incluso algunos reputados sumilleres los han alabado, lo que revierte en cierta garantía de éxito. Sin embargo es ahora el turno de los consumidores, quienes deben ‘catarlos’ y decidir el futuro de los ‘nuevos vinos’.
fuente: Viavinum. The Wine Tour Company of Spain |